La Roja ya tiene su segunda estrella. España se proclamó anoche campeona del mundo tras vencer a Argentina por 1-0 en la prórroga, con un gol de Ferrán Torres en el minuto 106, en una final que quedará en la memoria como el cierre de una era y el comienzo, quizás, de otra.

Fue un partido fiel al guion que la selección de Luis de la Fuente ha escrito durante todo el torneo: paciencia, control y un dominio asfixiante del balón. Argentina apenas consiguió un remate a puerta en todo el encuentro, y España terminó el Mundial habiendo encajado un solo gol. La Albiceleste, campeona defensora, resistió con orgullo durante noventa minutos, pero el asedio español acabó encontrando premio en la prórroga, cuando Ferrán Torres empujó el balón que desató la locura en la grada y en media España.

La final tuvo, además, un peso simbólico enorme. Era la primera final entre dos selecciones de habla hispana desde 1930, cuando se disputó el primer Mundial, y suponía la despedida del futbolista más grande de su generación: Leo Messi cierra su etapa con Argentina con una derrota. La imagen de Messi abrazando a Lamine Yamal tras el pitido final resume mejor que mil palabras ese relevo generacional que el fútbol presenció anoche en el MetLife Stadium.

En el reparto de premios individuales, la noche también habló español: Rodri Hernández fue elegido mejor jugador del torneo, mientras que Pau Cubarsí se llevó el galardón al Mejor Jugador Joven. La Bota de Oro fue para el francés Kylian Mbappé, máximo goleador de la competición.

Dieciséis años después de Sudáfrica, España vuelve a reinar. Y la fiesta apenas comienza: la selección aterriza hoy a mediodía en Madrid, visitará por la tarde al Rey Felipe VI y al presidente del Gobierno, y a partir de las 20:00 recorrerá las calles de la capital en autobús descapotable hasta culminar la celebración en la Plaza de Cibeles, el altar de siempre para las noches grandes del fútbol español.